La luna llama a la mar y la mar llama al humilde chorrito
de agua, que en busca de la mar corre y corre desde
donde sea, por muy lejos que sea, y corriendo crece y
arremete y no hay montaña que le pare la pechada. El
sol llama a la parra, que queriendo sol se estira y sube.
El primer aire de la mañana llama a los olores de la
ciudad que despierta, aroma de pan recién dorado, aroma
de café recién molido, y los aromas al aire entran y
del aire se apoderan. La noche llama a las flores del
camalote, y a medianoche en punto estallan en el río
esos blancos fulgores que abren la negrura y se meten
en ella y la rompen y se la comen.
La fugaz tristeza
Hace 10 años
